lunes, 7 de marzo de 2011

SOPA MAGICA (JESÚS I.)

Durante seis años  estuve comiendo en el mismo restaurante. Uno de esos

establecimientos económicos donde la fidelidad sólo es recompensada por la

comodidad de no decidir cada día dónde cumple uno ese trámite imprescindi

ble. Hay estómagos que no buscan especiales compensaciones y el mío es

uno de ellos. Es más previsible que el final de la canción de los Lunnies.


Durante esos seis años bebí todos los días de primer plato una sopa de la

casa, amarillenta y confusa, en la que navegaban desconfiados algunos fideos

menos que el número de invitados al cumpleaños de Freddy Krugger.


El día que cerró  aquel establecimiento, en el que yo con otra media docena de

habituales festejé la triste despedida sorbiendo la última sopa, comiendo el

último bistec y agradeciendo el brindis lloroso del dueño con sidra “ El gaitero”,

una extraña pena me invadió. Además tenía más miedo que Pinocho en Ikea.

¿ Donde comería ahora?


Nunca había sentido con mis dineros y propinas ninguna solidaridad con los

 otros habituales del “ Cifuentes”, ni con su dueño, ni con Rosina, la cocinera,

a quien vi por primera vez con su copa de burbujas. Se había avisado a los

clientes del cierre. Sin embargo, todos nos abrazamos  y nos quejamos de este

final. Lloramos más que al final de “La caja”. 




Los dos años siguientes fueron brutales para mi estómago y para mi equilibrio

emocional, pues entre uno y otro había una extraña relación. Deambulé por los

más variados restaurantes, más perdido que el protagonista de “Psicosis “ en el

Día de la Madre. Mi vida iba a la ruina, tan en peligro como Espinete en una

cama de agua, y el recuerdo de la sopa del “ Cifuentes” no sé por qué me afec

taba como una frustración que me invadía mis sueños, junto con  Angelina

Jolie.


Hasta que un día, en una lejana casa de comidas del extrarradio, cuando mi

vida era pobre y enferma, reencontré la vieja sopa amarillenta y confusa.


Finalmente,Rosina es hoy mi mujer y yo he vuelto a recuperar el equilibrio y el

aprecio de mi modesta condición. Ahora mi cuestión es : ¿ Habrá sopa con

tropezones en nuestro lugar de vacaciones, cerca de Torrelodones?

9 comentarios:

  1. De nuestro amigo Jesús I.
    ¡que genial ,eres¡
    TERE

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  2. Me encantó.Mis feicitaciones a tu amigo.
    Besos.

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  3. Tere,las cosas o se aceptan o estás perdida y al final he decidido aceptarla y convivir con ella,no me queda más remedio.
    Siempre hay otros que están peor.
    Millones de besos y mi abrazo para que no te emociones,yo estoy bién
    Un abrazo no muy fuerte que no puedo.

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  4. Jajajajajaa, te llevaste la cocinera a casa, eres una avispada me parece a mí.
    Sabia decisión.
    Besos.

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  5. Anónimo7/3/11 16:17

    Gracias a todos,jejejee, un poco d e humor va siempre bien.

    La sopa creo que lleva brócoli,ajjajaaa.

    JESÚS.

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  6. Muy divertido.
    Gracias por las risas.

    Saludos.

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  7. Muy bueno, hacia falta esta injeccion de humor, muy bien introducido y muy a tiempo este relato/ confesion, abrazos para todos

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  8. Anónimo7/3/11 22:16

    El humor que no nos falte,ni siquiera en las horas de mayor negación.¿Que cojones hace la TERE mal a nadie?.Hipocritas ,inmaduros.Tere para mí que te ven una lider,es envidia,. que lo llenes los espacios con tú presencia,eso realmente a mentes aburridas y negadas les jode.Es que eres unica,muchas veces cuando te veo en el Cirilo lo pienso.Y eso es lo que molesta.

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  9. Me ha gustado mucho esta historia.

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